domingo, 8 de octubre de 2017

40 años de diálogo, negociación, pacto, adoctrinamiento y manipulación.

Dice Pedro Sánchez (PSOE) que quiere 'diálogo, negociación y pacto'; Mariano Rajoy (PP) por su parte pide la vuelta del 'catalanismo pactista' y Pablo Iglesias (PODEMOS) añade que, si hay que hablar con el Papa para que medie, se habla, de hecho él ha empezado ya por llamar al Arzobispo de Madrid por si pudiera hacer algo.

¿Pero qué invento es éste? que diría la Montiel... Son tres líderes políticos jugando a llevarse a matar cuando defienden lo mismo con diferentes palabras.

Mi lectura del asunto ahonda en aquella realidad evidente del ser esencial del nacionalismo: nacionalismo o muerte.

Ni Pedro Sánchez ni Mariano Rajoy ni Pablo Iglesias defienden la unidad de España, los tres la dan por asegurada, lo que defienden con pasión no es el Estado de derecho sino el Estado de las autonomías ¿sus razones? son sencillas, de hecho es sólo una: los tres buscan lo mismo, mantenerse o llegar al poder subidos a lomo de los nacionalistas y para eso necesitan al catalanismo pactista... les importa muy poco si ese catalanismo pactista lamina a quienes no piensan como ellos en el rincón superior derecho de la península.

Pero algo ha cambiado en España en los últimos días: la mayoría silenciosa de repente parece haber despertado; no seré yo quien eche las campanas al vuelo, está por ver si ha despertado o sólo se pasea por las calles como lo haría un sonámbulo pero el caso es que, de un modo u otro, se mueve y ha dejado a los tres partidos políticos mayoritarios en el congreso sin saber si dar un paso adelante o dos atrás.

Imagen: El País


Cada cual esgrime sus razones para explicar lo que está ocurriendo, los hay que dicen que la mayoría silenciosa ha despertado al ver cómo las empresas, incluso las catalanas, toman las de Villadiego ante lo que está sucediendo, otros aseguran que el mensaje del Rey ha influido notablemente pero pocos hablan, por no decir ninguno, de que se esté plantando cara a la dictadura nacionalista porque, como contamos aquí hace ya días, no los conocéis, no sabéis quienes son...

Y a mi, qué queréis que os diga, se me encoge el corazón ante lo que está sucediendo porque esta movilización ciudadana es la tercera que veo en mi vida: la primera fue el espíritu de Ermua, que no sé si lo mataron o él solo se murió pero el caso es que ya no está con nosotros, la segunda fue el 15M, del que no queda más que un partido político, Podemos, que defiende lo mismo que PP y PSOE, la negociación con los nacionalistas vendiendo al peso a quienes no comulgan con esas ideas, ahora tenemos este Visca España y Visca Cataluña y yo me pregunto... ¿a la tercera va la vencida? ¿despertaremos del todo por fin y nos daremos cuenta de que los nacionalismos son la antítesis de la libertad, de que el mundo es globlal y sobran más fronteras de las que faltan y de que nada hay que merezca más respeto y defensa que la libertad?

No deja de resultar llamativo que quienes defienden el diálogo con los que están saltándose cuarto y mitad de las leyes lo hagan ondeando banderas blancas, que son tradicionalmente símbolo de rendición ni deja de tener su gracia que una independentista como Pilar Rahola acuse a Pablo Iglesias de defender la política del PP. Lo irónico es que tiene razón, al defender el diálogo está defendiendo la política del PP y del PSOE durante todos los años de nuestra actual democracia, negociación y pacto con los nacionalistas. Me queda una duda... cuando Pedro Sánchez habla de negociar y pactar y Rajoy pide la vuelta del catalanismo pactista ¿se refieren a Pujol y su 3%? La corrupción, queridos, no es patrimonio único del señor de la Moncloa.

domingo, 1 de octubre de 2017

Nacionalismo o muerte.

Ya es domingo, 1 de octubre, son las 2 de la madrugada y en Cataluña están a punto de sacarnos a bailar el mambo de la CUP y me pregunto si acaso entonces entenderemos lo que está pasando.

De las fronteras de Cataluña hacia fuera no se entiende pero lo más grave es que de las fronteras de Cataluña hacia dentro, tampoco ¿la razón? es sólo una: cuando el nacionalismo manda, sólo cabe una elección: nacionalismo o muerte.

Probablemente consideréis este planteamiento exagerado porque no los conocéis... 


De todas las definiciones del nacionalismo que existen, y no son pocas, hay una que me gusta especialmente, es la que lo explica como el sarampión de la humanidad o, en la versión de Sabater, una inflamación de la nación; y es que lo que subyace a una nación es una identidad cultural, uno no es de una tierra porque nazca anclado a ella, no somos árboles, carecemos de raíces, podemos volar alto y volar lejos aunque no tengamos alas; la identidad cultural son las costumbres y tradiciones con las que crecemos, las lenguas que hablamos... y eso en sí no sólo no es ningún problema sino que representa riqueza.


El problema surge cuando esa identidad cultural se inflama, cuando contraemos el sarampión nacional; se inicia entonces un camino que nunca, JAMÁS, llega a un mundo feliz. Cuando en Alemania se les inflamó la nación se impuso Hitler (urnas mediante, todo sea dicho), la banda terrorista ETA es otro ejemplo de la inflamación de un sentimiento de nación, Franco también llegó a serlo. Pero, como sucede con los icebergs, lo peor de esta enfermedad no es lo que se ve sino lo que permanece oculto, todo lo que sucede en el periodo de incubación, antes de que la enfermedad de la cara y el dolor se imponga.

El nacionalismo no es un sentimiento nacional sino el uso que se hace de ese legítimo sentimiento ¿qué le impide a un español de Cataluña sentirse catalán? lo mismo que a un español de Galicia sentirse gallego o a uno de Andalucía sentirse andaluz. Nada. ¿Por qué el ansia entonces, en la era de la igualdad, por marcar la diferencia hasta el punto de querer levantar una frontera? El nacionalismo alimenta la discrepancia y la diferencia pero sobre todo alimenta el ego de sus pueblos, de ahí la inflamación y de ahí el camino que nos aleja de un mundo feliz...


Es importante evitar en todo caso, y más en este, que los árboles nos impidan ver el bosque; si es verdad lo que decía Gellner -vaya por delante que así lo creo- y no son las naciones las que engendran nacionalismo sino el nacionalismo el que engendra naciones... ¿dónde debemos buscar el origen del nacionalismo?

Es verdad que la pregunta es compleja, tanto que probablemente haya tantas respuestas como casos de nacionalismo pero en España, esta España autonómica, libre y democrática que incomoda hoy a tantos de sus habitantes, hay una causa muy clara: el uso torticero que los políticos de los dos grandes partidos han hecho de nuestra ley electoral.

No me gusta nuestra ley electoral porque no me gusta que haya votos que valgan más que otros pero entiendo la razón de su existencia, el respeto a las minorías y el afán de reconciliación después de muchos años en los que hablar gallego, catalán o euskera era poco menos que un pecado; lo que ocurre es que los grandes partidos han jugado a gobernar con mayoría absoluta y, cuando las cifras no les salían, a completar los números con diputados de esas minorías hiper-representadas en la cámara a cambio de lo que ellas tuvieran a bien pedirles. Así se alimenta el nacionalismo, así se engorda a la bestia.

Y es que mientras en Madrid se ponía el dinero para que el PNV o Convergencia dieran su apoyo al gobierno de turno -que podía ser de cualquier color, nunca tuvieron miramientos en ese sentido- en Cataluña se marginaba lo español como si eso no fuera marginar una parte de sí mismos. Y como los acuerdos, en lo relativo a las competencias, afectaban a todas las comunidades, lo mismo sucedía, por ejemplo, en Galicia.

A lomos de Pujol gobernó gobernó el PSOE y gobernó el PP del mismo modo que Pablo Iglesias o Pedro Sánchez quieren hacerlo a lomos de Junqueras y Puigdemont. ¿No tenía acaso el PP los presupuestos ya pactados con el PNV? Un PNV que no ha dudado en dar un paso atrás por si tras el mambo catalán pudiera llevarse a la boca un bocado más jugoso...


Y bajo todo ese tejemaneje de poder que disfrutan unos pocos, está la batalla ideológica, vestida de guerra cultural, en las escuelas y en las calles, en la imposición de una lengua sobre otra y en la más zafia manipulación de la historia. No olvidaré jamás, ni dejaré de contar siempre que venga al caso, como se me recriminó recordar que Rosalía de Castro también había escrito poemas en castellano, no solo en gallego; eso, queridos, es amputar parte de nuestra cultura porque no se acomoda a nuestros preceptos ideológicos, eso es manipular, eso es coartar la libertad de los otros, eso es el nacionalismo...

Y por eso digo nacionalismo o muerte porque frente al nacionalismo solo cabe su triunfo (que supone la muerte de la libertad) o su muerte (que supone el triunfo de la libertad y de la diversidad cultural). Que cada cual elija.


viernes, 22 de septiembre de 2017

Ver para creer...

Actualidad manda y, ante lo que veo, lo que leo, lo que oigo... ante el intento de revolver las calles de unos pocos y el silencio cómplice de tantos otros, comparto con vosotros algunas reflexiones y algo más de lo que sé (y digo bien, lo que sé, también lo que pienso y lo que creo pero, por encima de todo, lo que sé).

En los días que van desde que os decía que no los conocéis, no sabéis quienes son ni entendéis para qué han venido y el momento actual, han sucedido muchas cosas y un par de ellas son las que me traen de nuevo aquí: la oferta del gobierno de modificar la constitución y el sistema de financiación a la medida de los deseos de los independentistas catalanes y la reacción de algunas personas, a las que considero justas e inteligentes, ante la intervención de la justicia en Cataluña diciendo que detener a quienes se están saltando la ley, dado que se la saltan por sus ideas, sólo alimenta al independentismo... ¡qué error! dicen... creedme, el error es el vuestro.

La verdad es que la respuesta tanto a la oferta del gobierno como a quienes piensan que la responsabilidad es de la acción de la justicia es la misma: no los conocéis, no sabéis quienes son ni tendéis para qué han venido.


Dice Rufián que los detienen por sus ideas, dice Pablo Iglesias que son presos políticos y dice Rajoy que, si dejan de saltarse la ley, volvemos al punto en el que llevamos 40 años, os damos lo que queráis (todo lo que queráis salvo la independencia) y todos contentos, Pedro Sánchez no dice nada para poder decirlo todo cuando mejor le convenga a él y Albert Rivera dice poco no sea que lo arrolle la movilización callejera que se está fraguando. Lo de nuestros políticos es para huir de España para nunca más volver.

Lo primero es poner las cosas en su justo punto de verdad: NO los detienen por sus ideas, los detienen por saltarse la ley, por convocar un referéndum ilegal porque, según dice nuestra Constitución, la soberanía nacional es de TODO el pueblo español y no sólo de una parte por lo tanto tendríamos que votar todos y no solo los catalanes en ese referéndum; por lo tanto aquí no hay presos políticos, ninguno, sino detenidos por saltarse la ley; pero hay mucho más.

Hay oportunistas, malos, traidores y políticos de medio pelo. 


Los nacionalistas siempre han pedido lo suyo y las regiones donde no hay nacionalismos también ¿el resultado? el que los políticos han permitido: tanto el PP como el PSOE han comprado el apoyo de los nacionalistas para conseguir el poder, ellos han sido la llave del gobierno de todos gracias a una ley electoral que nació para ayudar a cicatrizar las heridas de una guerra civil y una dictadura y que se ha demostrado terriblemente injusta. Esos políticos, los que se vendían al nacionalismo para tocar poder, son los traidores.

Los oportunistas y los malos son los mismos, los que pretenden subirse al lomo de los nacionalistas hoy, dándoles hoy 'algo' a cambio de que los suban al poder ¿sois capaces de ponerles nombre? yo sí: oportunista es Rajoy, que ofrece un cambio constitucional y en la financiación autonómica para que dejen de amargarle la legislatura, oportunista es Pablo Iglesias por ofrecer su apoyo al referéndum para alcanzar aquella vicepresidencia del gobierno que tanto ansía y oportunista es Pedro Sánchez, que calla por si Iglesias tiene éxito y lo lleva a la presidencia sin pasar por las urnas.

Queridos... ante un parlamento autonómico que se ha saltado no sé cuántas leyes, los políticos nacionales sólo están a lo suyo, a nada más.


Veréis, el error no es parar la carrera de ilegalidades del gobierno catalán, el error es no pararlas y el error es pensar que se puede seguir comprando a los independentistas; el error es creer que Cataluña es la CUP, el error es que los que hacen más ruido o son mejores estrategas ganen más... el error es la injusticia.


Pensad en las diferentes regiones de España ¿por qué el País Vasco y Cataluña han sido tan prósperas y a Galicia le ha ido tan regular (por no decir mal)? Porque el País Vasco tiene un concierto económico que hace que los impuestos que tendrían que pagar sus ciudadanos los paguemos tú y yo y porque Cataluña ha acumulado competencias e inversiones (hasta las de las únicas olimpiadas que se han celebrado en España) por su apoyo a los gobiernos de cualquier color, estuvieron con el PSOE y también con el PP, a cambio de lo suyo no hacían ascos a nada.

¿Y qué está pasando ahora? pues que para mantenerse en el poder aquel gobierno catalán (el de Convergencia, ahora PdeCat) necesita a ER y las CUP...


A pesar de todo ésto, lo cierto es que el problema no está tanto en lo político como en lo cultural; el problema político se podría resolver disolviendo parlamentos y convocando elecciones, a ser posible con una ley electoral justa según la que cada persona tenga un voto y sin que haya votos que valgan más que otros porque, eso que se aceptó como un respeto y reconocimiento de las minorías, nos ha llevado a una situación de dictadura de las minorías sobre la mayoría.

El problema cultural nace cuando se entrega educación a las autonomías y eso lo conozco porque lo he vivido, porque en Galicia, con el aplauso de un PP cómodamente sentado sobre su mayoría absoluta, también se entregó la educación a los nacionalistas. Y las consecuencias de eso son de una gravedad que hay demasiada gente incapaz de ver: hay regiones en España donde se ha negado la educación en castellano, la segunda lengua más hablada del mundo, a los niños y se les ha impuesto una lengua veicular minoritaria; mientras los holandeses estudian siete lenguas porque con la suya no hablan más que con sus amigos y vecinos, en España hay regiones donde se estudia sólo esa lengua con la que sólo ellos se entienden... ¡¡¡despertad malditos!!! ¡¡exigid cultura y educación!! ¡¡exigid libertad!! ¡¡entender que vivimos en un mundo globlalizado en el que las fronteras desaparecen, no renacen!! no os dejéis comprar por discursos viejos... vuestra identidad no depende de vuestra nacionalidad sino de vuestra cultura y vuestra cultura es diversa y rica, no os la dejéis capar.

Franco lo hizo. Mi abuela solía contar como su madre, que hablaba en gallego, le daba palos en la boca si ella lo hacía porque por aquel entonces hablar gallego era de ignorantes y estaba mal visto. A mi me han mirado con desprecio por hablar castellano en la universidad. ¿Cuál es la diferencia entre lo uno y lo otro? ninguna, es lo mismo, la aniquilación de la libertad a través de la cultura.


La transición trató de compensar en lo posible los desmanes de una guerra civil y una dictadura para con las regiones que tienen, además de la castellana, otra lengua y otra tradición cultural; de lo que algunos no os dáis cuenta es de que los nacionalismos han tomado aquella oferta de paz para crear con ella una nueva guerra, para imponerse ellos como antes se impusieran a ellos. ¿Qué es el fascismo más que un nacionalismo? mirad a dónde llevó a Alemania su alarde de nacionalismo, y a Italia y a España...

Otra de las mentiras que me sorprende que parezcamos tragarnos sin rechistar es que las urnas son símbolo de democracia... si no hay libertad no hay democracia por muchas urnas que se pongan, y no puede haber libertad si no hay un respeto a las leyes que entre todos hemos aceptado (y la constitución la aceptamos todos referendum mediante...).

Nuestro estado autonómico está hecho a la medida de los deseos nacionalistas porque nuestra ley electoral les ha dado un poder mayor que el que le daban los votos que recibían y quienes ahora os ponéis del lado de los nacionalistas sólo para poneros frente a un PP al que destestamos no hacéis más que lo mismo que ese PP al que destestáis y lo mismo que el PSOE antes que vosotros.

¿De verdad que lo que nos queda del 15M es un partido político, Podemos, que quiere subirse a lomos de Rufián y Junqueras para llegar al poder como hicieran Felipe González y Aznar a lomos de Pujol? ¿de verdad lo que queda del 15M es sólo más de lo mismo? me temo que sí... a no ser que despertemos de una vez.

viernes, 15 de septiembre de 2017

No los conocéis, no sabéis quienes son ni entendéis para qué han venido.

Después de 17 años viviendo en Madrid, me veo en la tesitura de tener que deciros a todos los que habéis vivido siempre fuera de territorio comanche (entendiendo por territorio comanche las regiones en las que el nacionalismo alza la voz y el mazo) que no los conocéis, no sabéis quiénes son ni entendéis para qué han venido. 


Veréis... Galicia es tierra conservadora, es feudo del PP desde que la democracia es tal y, si algún día deja de serlo, no será porque se vuelva progresista ni de izquierdas, no, se volverá nacionalista porque la izquierda tiene un gran capacidad para mimetizarse con los partidos nacionalistas y en Galicia son ya la misma cosa. ¿Y por qué os cuento ésto? Lo hago sólo como introducción, para que sepáis que hubo un día en el que la gente joven de Galicia dijo basta ya y, aunque no consiguió que el PSOE ganara las elecciones, si logró arrebatarle al PP su doliente mayoría absoluta y dio la oportunidad del PSOE de buscar alianzas para mandar al PP al banquillo y ponerse a gobernar.

¿Sabéis qué ocurrió? que el PSOE se entregó al nacionalismo y consigo mismo entregó Galicia entera, después de aquello el PP ha vuelto a sus mayorías absolutas y la gente joven que consigue escapar de la mano de hierro manipuladora y nacionalista que manda en escuelas y universidades, vota con resignación al PP. ¿Sus motivos? son muchos y muy dolorosos, son los que vosotros, quienes vivís fuera de territorio comanche, no alcanzáis a ver ni a entender, no les dais importancia alguna y por eso os importa muy poco que un partido nacional -lo mismo me da el PSOE que Podemos o el PP- se alíe con los nacionalistas con tal de borrar del mapa a las huestes contrarias.


Pero os diré algo: he visto como a una niña extranjera (que hablaba castellano como segunda lengua y de gallego no tenía ni idea) se le negaban explicaciones de matemáticas en castellano, he visto como profesoras y monjas educadoras se abrazaban a la bandera gallega con la estrella roja en medio y ellas, encerradas tras los muros del colegio, sembraban la semilla del odio en las mentes pequeñas a las que daban clase, he visto como profesores universitarios daban patadas al diccionario con tal de hablar un gallego que fuese más difícil de comprender para los castellano hablantes, he visto, y sufrido, como se negaba la universalidad de la cultura y se me negaba el derecho a leer a Rosalía de Castro por haber osado decir tal cosa... entonces yo era joven e incauta así que respondí que con qué criterio me decían tal cosa si incluso Rosalía de Castro había escrito, ya no un poema, sino un poemario entero en castellano. Facha de mierda. Eso fue lo que recibí por respuesta.


No sabéis como son, no alcanzáis ni tan siquiera a imaginar su alma oscura y su ansia de poder e imposición, no tenéis ni idea de cómo llegan a amargar la existencia de quien no piensa como ellos; hace no sé si tres o cuatro años, fui con mi familia a Santiago el día del Apostol, un día de fiesta, en pleno verano, un día de luz y de risa... y en lugar de explicarle a mi hijo la historia de la ciudad y su catedral tuve que explicarle por qué había una cadena humana de gente con cara seria y gestos agresivos gritando 'independenza'.


Y hay algo más... no alcanzáis a ver ni a entender la traición que el PSOE y el PP han hecho a los no nacionalistas que viven (o vivíamos) en territorio comanche, no sois capaces de verlo porque vosotros no pagábais más que con pesetas primero y euros después esa traición, pero quienes estábamos entonces en territorio comanche y sufríamos lo que los nacionalistas hacían con las competencias que se les daban sí lo sabemos.


Y algún lector avispado me dirá ¡eh! ¡qué en Galicia no gobernaban los nacionalistas!. Eso, queridos, no me lo digáis a mi... decídselo al PP, preguntadle al PP de Rajoy y al de Feijó cómo es posible que Galicia se llenara de galescolas y los colegios y universidades de profesores lusistas e independentistas bajo el 'férreo' mandato de sus mayorías absolutas. Traición, queridos, se llama traición. Y es exactamente la misma traición que está acometiendo Podemos. Ya veis, parece que una vez más los extremos se tocan y los opuestos se atraen ¿o va a resultar que son todos la misma cosa?.

Aquí, en Madrid, lejos de territorio comanche, parece que no importa mucho porque no impacta mucho (por ahora) pero yo no puedo evitar recordar cómo era convivir con los nacionalistas, ver como en una asignatura de libre configuración se daba la nota máxima a todo el mundo mientras algunos salíamos con un aprobado por los pelos por defender que la cultura gallega es universal, es decir, de todos, y no sólo de los gallegos. Y entre esos recuerdos y la náusea que no puedo evitar viendo a secuestradores, verdugos y asesinos -terroristas- convertidos en los héroes del momento, me vuelan los dedos sobre el teclado y os hablo...


Os hablo sabiendo que no os despertaré, que no lograré quitaros las gafas de ver el mundo de color de rosa (o morado), que seguiréis pensado que lo de Cataluña es una cortina de humo para tapar que se ha quemado un juzgado en Valencia, que os seguirá importando un bledo que sigan siendo los nacionalistas los que mueven los hilos de los partidos nacionales, que sea subidos a su lomo como se conquista el poder, que no pensaréis ni por un momento en las consecuencias que esto tiene para quienes viven en territorio comanche en primer lugar y para todos después... y es que no los conocéis, no sabéis quienes son ni entendéis para qué han venido, no sabéis de su victimismo malvado y de su desprecio de la libertad y la justicia.

viernes, 25 de agosto de 2017

Manipulación linguística (y educativa, informativa, política, social...)

A veces, cuando leo noticias o escucho comentarios acerca de ellas, recuerdo cosas... No. Ni veo muertos ni soy el niño del Sexto Sentido, sólo recuerdo cosas y eso, en alguien que tiene una incapacidad no sé si congénita o aprendida, para recordar, es decir mucho.

En estos días he recordado dos anécdotas, una sucedió hace algo más de 20 años y la otra es anterior. Por aquello de respetar el orden cronológico de las cosas, comenzaré por la anterior.

La Torre de Babel. Foto: Wikipedia

Sucedió en el colegio, mi colegio desde los 4 hasta los 16 años; religioso, de monjas, educación disgregada, sólo niñas hasta el año en el que yo comenzaba primero de BUP, lo que es hoy tercero de la ESO (si no recuerdo mal).

A ese colegio femenino y religioso, lleno de profesoras, unas monjas y otras no, hoy un colegio, dicen ellos, trilingüe, llegó, comenzado ya el curso, una niña extranjera. Lamento no recordar muchos detalles, de esto hace tantos años que apenas lo recuerdo, no sería capaz de precisar ni tan siquiera en qué curso estaba pero no habían llegado todavía los niños al colegio así que, calculad, contaba yo menos de 14 años.

La cuestión es que aquella niña llegó con el curso empezado y fue inscrita en el colegio porque, al tratarse de un centro concertado, al parecer no podían negarle la plaza aunque se trataba de una niña no católica (no recuerdo qué religión profesaba, de profesar alguna); lo que sí recuerdo eran las críticas y comentarios ácidos de las profesoras hacia los padres que no podían acudir a las reuniones cuando éstas se organizaban en horario que era, para quienes trabajaban, laboral; decían que si no podían seguir las normas pautadas por el colegio tal vez deberían llevar a sus hijos a otro centro, dicho de otro modo, incomodaban los hijos de la clase trabajadora, no los de las élites locales y esta niña extranjera era algo así como élite local, recuerdo vagamente que su padre era un ingeniero que llegaba para llevar a cabo un proyecto de un tiempo corto y que luego se iría, o algo así...)

Algo así debió ser porque la niña sólo estuvo en el colegio los meses que faltaban para terminar el curso y no creo que fueran meses de recuerdos felices. ¿La razón? no el asunto religioso, en absoluto, se respetaba totalmente su no-catolicismo, no se le pedía que participara en misas ni rezos algunos ni mucho menos en clase de religión, es más, en carnaval acudió al centro vestida de hawaiana (en febrero y en Galicia...) y nadie tuvo nada que objetar (me ahorro compartir aquí los comentarios que se podían escuchar en cambio si la falda del uniforme de cualquier otra niña era un centímetro más corta de lo debido...).

La razón del sufrimiento de aquella niña fue lingüística. No recuerdo cual era su lengua materna, sí recuerdo que hablaba un castellano fluido pero no era su primera lengua. También recuerdo que no se quejó jamás de las clases que se impartían en gallego, decía entender, más o menos... Hasta que llegó la clase de matemáticas que, cosas de la inmersión lingüística, era en gallego. Impartida por una monja de ideología nacionalista. Monja, insisto.

Aquella niña jamás recibió una explicación de aquella profesora (y monja) en castellano, nunca, y le costaba una vida seguir la clase; cierto es que le costaban las matemáticas y que se las explicaran en una lengua que no entendía del todo bien no ayudaba. Como tampoco la ayudó la profesora en cuestión. 

Recuerdo muy bien el nombre de aquella profesora (y monja) pero me lo ahorro porque ya entonces tenía edad para estar jubilada así que mucho me temo que a estas alturas ya habrá rendido cuentas ante Dios de sus pecados. Tampoco digo el nombre del colegio. Ésto sucedió hace más de 30 años.

Adoctrinamiento en la escuela. Foto: vidajustaparatodos



La segunda anécdota es más reciente, tanto que esa sí la recuerdo aunque por entonces no tenía yo canas en las cejas (qué queréis que os diga, a cada uno le salen los pelos blancos donde les da la gana) ni arrugas en el borde de los ojos. Fue en mi época universitaria. Estudiaba Filología Inglesa.

Y si estudias Filología Inglesa después de haber salido de un sistema educativo en el que se estudiaba inglés como en EGB, en BUP y en COU, tienes una obsesión casi enfermiza por lo gramatical y lo lingüístico, que es lo que has estudiado siempre, mucha norma y mucha regla, poca lengua y menos comunicación. Y, como en esas estaba, allá que iba yo a una clase particular en una academia para no fallar ni una preposición ni un phrasal verb en mis exámenes de lengua inglesa de segundo o tercero de carrera, no recuerdo bien el año.

Y allí estaba Helena, la profesora, tan española como yo pero hablando inglés como si fuera castellano y allí estaba su marido Paul, irlandés. Fue Helena la que protagonizó la anécdota que ahora recuerdo. Allí estábamos unos cuantos, todos al borde de un ataque de nervios porque se acercaba el examen y ¡oh Dios! ¡esas preposiciones! ¡esos pharasal verbs! esa complejidad lingüística británica... ein?

Recuerdo que Helena gritó, que demostró haber agotado toda su paciencia con nosotros y nos preguntó 'si Paul me dice que va en la Calle Real en lugar de decirme que va a la Calle Real, ¿le entiendo o no? ¿sé donde está?' la respuesta fue unánime, claro que lo sabes, está en la Calle Real. No recuerdo las palabras textuales que siguieron a continuación pero sí todo su sentido, Helena nos dijo que no olvidáramos nunca que el primer objetivo de una lengua viva y el más importante es siempre y en todo caso la comunicación, lo primero, lo esencial, lo más importante es manejar una lengua para que nos permita comunicarnos, comprender a quien nos habla y expresarnos; ya vendrá después la corrección lingüística pero nunca antes de la comunicación.

Recuerdo esas dos anécdotas porque después de vivir hasta los 26 años en Galicia (y cumplir allí toda mi época de estudios salvo algún master y algún curso de postgrado que vino después) y después de vivir el tiempo que va de esos 26 a los 43 que he cumplido este año en Madrid, si algo tengo claro es que no sólo en el sistema educativo olvidamos que una lengua es una herramienta de comunicación, también a nivel social y, sobre todo, a nivel político. 

Hace muchos años, más de 30, que en este país las lenguas no se usan como herramientas de comunicación sino como barreras a levantar frente a otros y no sé si no lo vemos o no lo queremos ver... más bien creo que no lo queremos ver.

Recordaba aquí cómo es muy común encontrarte con holandeses que, además de holandés, hablan inglés, francés y/o alemán y quiero recordar de nuevo al periodista holandés que plantó al Jefe de los Mossos después de estar una hora escuchándole hablar en catalán. Decía el Jefe de los Mossos que respondía en el idioma en el que se le preguntaba, lo que no decía era algo de lo que el periodista holandés no tardó en darse cuenta, sólo se había concedido, hasta aquel momento en que se le terminó la paciencia al periodista holandés, turno de preguntas a los periodistas que hablaban catalán.

Más allá de las ideas de cada uno, de si se está a favor del referendum independentista o no, de si se está a favor de la independencia o no, de si es nacionalista o no, de si es de derechas, de centro, de izquierdas o de medias tintas, de si se es monárquico, republicano, anarquista o lo que a cada uno se le ponga en las ganas... Más allá de todo eso, hace más de 30 años que en este país se usa la lengua no como herramienta de comunicación sino como barrera y, a lo peor, como arma de manipulación masiva.

Y, en mi opinión, eso no es triste, que también, es repugnante. Y sí, eso mismo, usar la lengua como arma de manipulación, lo hizo el fascismo. Mi abuela recordaba como le daban palos en la boca si se le escapaba una palabra en gallego y en mi colegio permitían que una niña se perdiera en las explicaciones de matemáticas por no intercalar alguna explicación en castellano aunque sólo fuera por caridad cristiana. Por no hablar de como en la universidad no sólo se impartían asignaturas en gallego -recordad que mis estudios eran de filología inglesa...- sino que lo hacían profesores nacionalistas (e independentistas) que hablaban un gallego no normativo (la llamada corriente lusista), lo cual era ya de aurora boreal... algo de ello os lo contaba aquí.)

Hay más personas en el mundo que tienen el castellano como lengua materna que personas que hablan inglés como lengua materna, en cambio el inglés tiene más hablantes que el español; hay muchas razones para ésto, algunas de ellas económicas e históricas pero, intuyo, que el poco respeto que demostramos en España -cuna del castellano- por nuestra lengua tiene algo que ver en ello también. Los holandeses son capaces de respetar su lengua, el holandés, y cuatro o cinco más aprendiéndolas ¡y usándolas! todas, nosotros no somos capaces de respetar el gallego (o el catalán o el euskera) sin pegarle una patada al castellano. 

Me gustaría cerrar esta reflexión con la pregunta que se hacía el periodista holandés ¿por qué no hablar un idioma que todos comprenden? porque la lengua se usa con fines políticos, no de comunicación, porque respondiendo en catalán se está diciendo 'está usted en Cataluña, no en España', esa es la única razón, ergo, olvidamos (y lo hacemos con toda intención) que el objetivo de una lengua viva es la comunicación y en lugar de usarla con ese fin levantamos barreras con ella, eso no es cuidar nuestra lengua y nuestra cultura (sea catalana, gallega, castellana o de Katmandú), eso es convertir la cultura en un arma que se usa en una guerra que se dice pacífica... cuando empieza, el final es, las más de las veces, trágico.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Si Bismarck levantara la cabeza...

Estaba yo pensando... que igual tenemos a Bismarck revolviéndose en su tumba; después de tanto tiempo pasando por un tipo listo y elocuente en las recopilaciones de citas, con aquella que decía que España es la nación más poderosa por llevar siglos tratando de destruirse sin conseguirlo.
¿Y por qué digo ésto? porque igual un día de éstos sí lo conseguimos. Lo que estaba yo pensando es que vivimos en un país en el que no sólo votamos a partidos que han institucionalizado la corrupción y a partidos que defienden el terrorismo o, como poco, se ponen de perfil frente a él, sino que abrazamos sus banderas y nos tragamos lo que nos cuentan a través de los medios de comunicación que dominan (si alguien conoce medios de comunicación independientes por favor que me lo haga saber, sueño con ellos, con que algún día existan).

Y, claro, no respetamos a las instituciones ¿cómo respetarlas si están controladas en su mayor parte por los tipos que han institucionalizado la corrupción y por los que defienden el terrorismo o, a lo peor, lo comprenden y justifican cuando no lo alientan? y se nos olvida que si son ellos quienes nos representan, nos guste o no, es porque los hemos votado...

Total, que lo mismo Bismarck se equivocaba, como la paloma, y gracias a la democracia (tiene narices la cosa) llegamos a destruirnos como nación... un país que lo fue todo en el mundo históricamente junto a Francia e Inglaterra, antes Italia (Roma) y Grecia.

Y no puedo evitar recordar como, en los 12 años que trabajé en una compañía holandesa, preguntábamos, con envidia, a nuestros compañeros de Amsterdam cómo era posible el dominio de idiomas que tenían (todos hablaban perfecto inglés además de holandés cuando no francés y/o alemán también) ¿sabéis que nos decían? que ellos son una pequeña gran nación (Holanda!) y que no pueden permitirse hablar sólo holandés, que así no podrían relacionarse con el resto del mundo... Y nosotros tirando tierra encima de nuestro rico castellano que es LA SEGUNDA LENGUA MÁS HABLADA DEL MUNDO* después del chino y por encima del inglés (¿sabías que el portugués es el sexto de esa lista? eso para los que tienen la descabellada idea de comparar Galicia y el gallego con Portugal y el portugués). Y lo dice una gallega a la que le gusta tanto la costa ártabra y los sonidos celtas como al que más, que habla gallego y, aunque vive fuera de Galicia, vuelve a casa al menos dos o tres veces al año.

La manipulación de la información y la cultura y la cómoda tendencia que tenemos a confiar en lo que nos dice quien pensamos es de nuestra cuerda sin pararnos a pensar, a analizar, a investigar, sin cuestionarnos nada... eso es lo que nos pierde. Opino.

Eso y no ver... no querer ver el caballo de troya en que se han convertido los partidos nacionalistas gracias a las alas (y al poder y el dinero) que les han dado los partidos nacionales (que no nacionalistas). Pero es asunto de otra reflexión

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El castellano es la segunda lengua más hablada del mundo, sí, pero con un importante matiz: tanto el chino como el castellano son las lenguas más habladas porque son las que tienen como primera lengua un mayor número de personas, ninguna de las dos son las más elegidas como segunda lengua, en ésto el inglés va por delante (por delante del chino y el castellano y por delante del alemán o el francés que tienen menos hablantes, incluso, que el portugués o el japonés).

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NOTA INCLUIDA EL 24/8/2017:
 

Y ahora me entero que el periodista que abandonó la rueda de prensa del Jefe de los Mossos porque se estaba dando en catalán y no en castellano era holandés... Y el bueno del periodista holandés dice '¿por qué no hablar un idioma que todos entienden?' y lo dice él, que además de holandés habla otros 5 idiomas - Me remito a lo que cuento en este artículo, unos párrafos más arriba, acerca de los holandeses, el holandés y su modo de enteder la comunicación. 

La respuesta, amigo holandés, se resume en una única palabra: nacionalismo.

domingo, 20 de agosto de 2017

Libertad, divino tesoro.

Estos días, con la desazón propia de los días que siguen a un atentado terrorista como el que hemos sufrido en Barcelona, oigo (y leo) a mucha gente preguntarse ¿y ahora qué hacemos? y oigo (y leo) también a mucha gente responder como quien tiene la respuesta, como si el terrorismo fuera el fútbol, como si para hablar del terrorismo islámico no hubiera que saber, como poco, algo de historia y leído algo más que las páginas de deportes de cualquier periódico de los que todavía se imprimen.

Y entonces soy yo la que se pregunta qué hacer porque llega un momento que no sé qué me da más miedo: el terror que siembran los terroristas o las reacciones a él, las de quienes desde su confeso ateísmo reclaman paz como si fueran Jesucristo poniendo la otra mejilla (salvo que no es su otra mejilla sino la nuestra, la de todos), la de quienes quieren arrasar pueblos enteros por el mero hecho de que rezan a Alá y su profeta Mahoma o la de quienes callan por miedo a ofender a los unos o a los otros.

Es mentira. Sí sé lo que me da más miedo. Me da más miedo el silencio acongojado de la mayoría y su rendición a falsas proclamas a través de una actitud políticamente correcta. Me da más miedo el oportunismo y la mala fe. Y me pregunto de nuevo qué hacer… Y entonces me doy cuenta de que también yo callo, me espanto ante lo que veo, ante lo que leo, me indigno ante el silencio pero callo. Callo porque no quiero discutir, porque las nuevas barras y los nuevos bares (que son las redes sociales) son también los nuevos mentideros de la doble y falsa moral en los que sólo lo políticamente correcto sobrevive, en los que no cabe el diálogo si no es en términos de lo políticamente correcto y eso significa que no cabe la duda. Yo no sé qué podemos hacer para enfrentar el terrorismo islámico y no saberlo me obliga a escuchar lo opinión de todos los que tienen una idea al respecto, siempre que sean las suyas opiniones documentadas pero eso incomoda, no gusta porque nos obliga a escuchar cosas que no queremos saber.

 
Y en medio de toda esta duda y este miedo, rodeados de políticos de medio pelo, gentes anestesiadas por lo políticamente correcto y convencidas de sus derechos obviando que éstos acarrean a su vez deberes, sin saber qué hacer ni qué pensar respecto a tantas cosas, me doy cuenta de que hay algo que sí sé y, en consecuencia, algo que puedo hacer.

No hablo de derechos, soy de las que piensa que uno los derechos se los gana cada día, hablo de libertad porque la libertad es para mi el primero y más importante de todos los derechos, la libertad es la esencia de nuestra sociedad, o debiera serlo, y la libertad es la que se ve puesta en jaque cuando pasear un día cualquier por cualquier ciudad se convierte en una actividad de riesgo pero también cuando la opinión de algunos al respecto se impone sobre la de los demás, cuando la dictadura de lo políticamente correcto hace callar a tantos, cuando pensar por uno mismo, atreverse a cuestionarse todo y a tener opinión propia se convierte en un acto de heroísmo.

Heroísmo. De eso he leído mucho en estos días, del heroísmo de la gente que acogía a quienes el atentado de Las Ramblas encontró paseando Barcelona y me pregunto ¿de verdad es una heroicidad abrir las puertas de tu negocio o de tu casa a quienes huyen de una furgoneta que trata de atropellarlos en una ciudad como Barcelona? porque si hacer eso es una cuestión de heroísmo, no hacerlo debe ser lo normal ¿no?. No. Hacerlo es lo normal, o debiera serlo, es una cuestión de humanidad. No hacerlo sería mezquino.

A veces creo que nos empeñamos en vivir en los mundos de Yupi y que cuando el terrorismo nos golpea como ahora nos revelamos porque nuestro cuento de hadas se desmonta… pero lo montamos de nuevo enseguida porque somos gente de paz, porque el enemigo no existe, son sólo algunos radicales, y volvemos a nuestro mundo de Yupi hasta el próximo golpe.

No tenemos miedo, dicen… ¿no? mentira. Lo tenemos, no nos dejamos vencer por él, pero lo tenemos.

He saltado de la libertad al heroísmo para acabar recordando el miedo y el miedo me lleva de nuevo a la libertad, la libertad de ser y pensar como me dé la gana, de vestirme como me plazca, de rezar al dios que más me guste o a ninguno, de educar a mi hijo en los valores que considere importantes para un ser humano, en el idioma o idiomas que yo decida… libertad para vivir como quiero y no como me dicte nadie, una libertad, por supuesto, desde la que respetaré siempre la libertad de los demás porque no hacerlo deslegitimaría mi propia libertad. Esa libertad es la que amo, valoro y la que no sé cómo defender. O sí.

La libertad se defiende ejerciéndola.

Y aquí estoy, ejerciendo mi libertad de decir lo que pienso del mismo modo que quienes han paseado Las Ramblas este fin de semana lo hacían ejerciendo su libertad de hacerlo más allá de quienes han tratado de callarlos para siempre.

No tengo ni la más remota idea de cómo hacer frente a la amenaza terrorista bajo la que vivimos pero tampoco tengo la más mínima intención de decir ‘si bwana’ (ni mucho menos de votarles) a gentes de media lengua que, sabiendo más o menos lo mismo que yo al respecto, pretenden darnos lecciones de historia, geopolítica y moral todo junto, a la vez y sin despeinarse.

jueves, 13 de julio de 2017

Julio de 1997. República Dominicana. Muy lejos de Ermua.

Y de repente me encuentro aquí, ante un folio en blanco y en mi blog, comenzando un post como si fuese el abuelo recordando las historias de la mili... Casi me entran ganas de comenzar con un 'Sicilia 1930' pero en realidad era la República Dominicana 1997.

La razón por la que escribo hoy aquí es que me resulta muy extraño ser capaz de recordar lo que estaba haciendo un día concreto de un año concreto; soy de esas personas que sólo ven la vida en presente y en futuro, de esas que piensan que lo que fue ya ha sido y no va a volver a ser ni merece la pena ser removido. No sé si soy así por naturaleza o si me hice así cuando el pasado comenzó a doler, el caso es que tiendo a vivir hoy mirando hacia mañana.

Esa es la razón por la que cuando alguien dijo recordar donde estaba tal semana como ésta hace 20 años mi mente me sorprendió con un 'tú también lo recuerdas' en lugar de con el clásio ¡y yo que sé! que me regala en situaciones en las que media la palabra recordar.

Estaba en la República Dominicana, de viaje de fin de carrera, entre amigos, de fiesta, pasándolo en grande y poniéndome morena (lo que para una piel del norte, creedme, es toda una experiencia). Y entonces sucedió.

Nos quedamos todos perplejos ante las noticias que veíamos en el canal internacional de televisión española, no dábamos crédito, no queríamos darlo pero era real y nosotros estábamos al otro lado del Atlántico sin poder siquiera tirarnos a la calle a gritar que nadie tiene derecho a jugar a la ruleta rusa con la vida de nadie.

Foto: abc.es

Recuerdo la sensación de absoluta vejación que sentí, el asco que me provocaba pensar que aquel chantaje era el modo de poner en nuestras manos la vida de alguien, como si fuésemos todos los españoles los que, por no ceder al chantaje, estuviésemos condenando a muerte a Miguel Ángel Blanco. Y algo así como aquel cabreo íntimo que yo sentía debió sentirlo media España porque las calles se llenaron como nunca.

Foto: abc.es

Por eso Miguel Ángel Blanco es un símbolo, por eso es importante, por eso (sin que su vida valga más ni menos que la de otras víctimas), representa algo, pone rostro y nombre a algo. Algo que hoy en día no se sabe ni lo que es, algunos lo siguen llamando espíritu de Ermua. Yo no sé si todavía existe, sólo sé que hubo un tiempo en el que cuando se hablaba de terrorismo no había discusión, estaban los malos, los asesinos y enfrente los demás y de repente un día comenzó a ser objeto de discusión y sentí un asco hacia la política que me ha acompañado desde entonces.

Lo que sí sé es que recuerdo donde estaba y lo que estaba haciendo en estas fechas allá por julio del 97. Recuerdo que nos fuimos a la playa y nos sentamos sobre la arena al caer la noche, apenas hablábamos. Recuerdo que no había disidentes, que nadie ponía un pero ni una coma, la indignación era un sentimiento compartido.

No soy yo de recordar ni de dar vueltas y revueltas al pasado pero hoy me he alegrado de acordarme de donde estaba en julio del 97 porque he recordado también porque jamás, nunca, daré ni el más mínimo apoyo a ninguna idea que confraternice en lo más mínimo con quienes un día se creyeron con derecho a matar, con quienes sembraron el terror y el miedo, con quienes hicieron vivir con escolta y revisando los bajos de sus vehículos a tanta gente... Tampoco soy de venganzas, entendedme, acepto sus disculpas pero no, de ningún modo, sus razones. Nada vale más que la vida. Nada.

¡Qué cosas tiene la memoria! no sé si atreverme a llamarle histórica (lo histórico es más bien que yo me acuerde) pero curiosamente ésto es memoria, mi memoria.

domingo, 30 de abril de 2017

De princesas, superwomen y otras mentiras que nos creímos.

Hubo un tiempo en el que nos decían que éramos princesas y que ellos debían tratarnos como a las reinas que un día seríamos, nos cedían el paso y nos daban el brazo, nos dejaban en casa a las 10 protegiéndonos del espectáculo que venía a continuación regado de copas y amigos, nos ponían el piso y fiscalizaban la ropa, nos daban un hijo o media docena y, para cuando descubríamos que las princesas no existen, ya éramos cenicientas por siempre jamás porque, además, éramos tontas y no sabíamos nada... no éramos lo suficientemente inteligentes para ir a la universidad.



Aun en aquel tiempo oscuro de falsos cuentos y finales escritos por manos ajenas hubo mujeres que burlaron la censura de su tiempo y lograron lo que muchos de ellos no podían ni tan siquiera soñar, claro que ellas siempre supieron que las princesas no existen y, con los pies bien anclados en el suelo, dedicaron su tiempo a hacer lo que les venía en gana; las hubo que se disfrazaron de hombres para poder asistir a clase a la universidad y, como Emilia Pardo Bazán, acabaron siendo referentes en su época y para la posteridad mal que le pesara a los hombres del momento, los mismos que le negaron por tres veces su acceso a la Real Academia Española, a ella, la autor de Los Pazos de Ulloa.

Aprendimos. Y, gracias a la voz alta y clara de gentes como Pardo Bazán, avanzamos. No sé muy bien cómo ocurrió pero lo cierto es que en algún momento aquel avance se convirtió en un cambio de cuento. De las princesas que ya no existían a las superwomen que íbamos a ser. Y ese cuento también nos lo creímos.

Nos lo creímos porque, durante un tiempo, la ilusión de esa posibilidad parecía certeza; estudiábamos como ellos, incluso más, trabajábamos como ellos, incluso más, ganábamos menos pero eso nos permitía seguir quejándonos del mundo machista en que vivíamos al tiempo que nos sentíamos las superwomen que nos habían dicho que éramos. Pero nos enamoramos y nos casamos -o no- y quisimos ser madres, hicimos malabares para ser la madre del año, la profesional del año, la mujer del año... hasta que un día algún amigo o una madre, cabe que incluso un profesional de la cabeza, nos explicó amablemente que, por el bien de nuestra salud mental, debíamos bajar del guindo cuanto antes.



Éramos humanas, no superwomen, y si no es posible amar a dos mujeres a la vez y no estar loco menos aún lo es estar en dos sitios a la vez sin estar loco previamente. Fue entonces, ante la muerte de la superwoman, cuando nació el mito de la conciliación porque es eso, un mito, dicen que existe pero también dicen que en Lourdes y Fátima han sucedido milagros.

Entendimos que no cabe todo y elegimos, hay mujeres que eligieron seguir a mil en su carrera profesional y organizaron la vida de sus hijos con abuelos, niñeras, 1000 actividades o un poco de todo; otras en cambio eligieron -elegimos- que una parte importante de nuestro tiempo sería para nuestro bebé a costa de lo que fuera... tiramos de reducción de jornada en el trabajo y entramos a formar parte de la masa laboral que busca un 'trabajo de maruja'.

Pero eso tampoco era cierto, querer ocuparnos de nuestros hijos no significa que queramos dejar de ocuparnos de nosotras mismas, del futuro profesional que nos hemos venido ganando año a año y ahí seguimos, batallando, para que algún día la conciliación deje de ser un mito.

Y entonces, cuando te elevas un poco sobre los últimos años de nuestra historia y vemos como hubo generaciones de princesas fallidas seguidas por otras de superwomen estrelladas, nos preguntamos ¿cuál será nuestro legado para las próximas generaciones? ya no somos princesas ni superwomen ¿qué somos? ¿qué dirán de nosotras?



Se me ocurre que, tal vez, lo que digan de nosotras es que somos la generación que, muertas las princesas y las superwomen, dio aliento al machismo por su falta de discurso y de sentido común. Vereis... os leo a unas y a otras defender la sororidad, callemos ante las mujeres que defienden posturas machistas y lapidemos en plaza pública, o en twitter, a los hombres que defiendan esas mismas posiciones... Y hagámoslo sin pararnos a pensar en las consecuencias de esta decisión: esas mujeres a las que protegemos con nuestro silencio se afianzan en sus ideas y son madres y educan a los niños que un día serán hombres y serán lapidados en plaza pública, o en twitter, por hacer o decir lo mismo que decían o hacían sus madres, para ellas no había consecuencias, para ellos sí. Y ellos, queridas, no son el enemigo... son los hombres con los que bailarán vuestras hijas...

¿De verdad pensais que convertir la lucha contra el machismo en una lucha de sexos es una buena idea? ¿De verdad creéis que es justo y es bueno criticar una actitud en función de si la acomete un hombre o una mujer? ¿De verdad pensáis que hacer frente común unidas exclusivamente por el mero hecho de ser mujeres nos va a llevar a dar los pasos que nos faltan por recorrer para enterrar el machismo? ¿Es cierto que seguís pensando que la igualdad es el mantra que nos debe acompañar? ¿de verdad habéis olvidado que la igualdad no existe, que los individuos son únicos e irrepetibles, que la igualdad es de derechos y obligaciones y que la ley ya la reconoce como tal entre hombres y mujeres? ¿es cierto que todavía no vemos con claridad que nuestra lucha no es por la igualdad que ya tenemos sino por la justicia de la que carecemos? porque no es justo que por el mismo trabajo ellos cobren más y no, queridas, no es que no sea justo, es indigno, que hayamos aplaudido una ley que nos protege (si es que hay protección posible) frente a los maltratadores en el ámbito familiar, permitiendo que esa misma ley no proteja a nuestros hijos ¿hacemos sororidad también sobre los casos en los que el maltratador se lleva a los niños como padre que es y con el parabién del juez para luego usarlos como medio para seguir maltratando a la madre como maltratador que es?.

Hubo un tiempo en el que me decía feminista porque me sentía feminista pero en algún momento del camino -tal vez cuando me llamaron maruja por reducirme la jornada para recoger a mi hijo de la guardería cada tarde o cuando me explicaron que eran acciones como esa las que hacían que a las mujeres nos pagaran menos- dejé de sentirme feminista y me sentí sola porque detesto las actitutes machistas, todas, tanto las prepotentes como las protectoras, casi más las segundas que las primeras, pero también detesto que sean otras mujeres las que traten de ejercer ese poder de control sobre las de su sexo, aborrezco en general a quienes cohartan la libertad de los demás, sean hombres o mujeres.

Y por eso, porque detesto la manía que tienen todos los movimientos políticos y sociales de meterse en la vida de las personas etiquetando lo que es bueno y lo que es malo en función de sus objetivos, al menos aquí, en este reducto íntimo y personal que es mi blog, dejo escrito en blanco sobre negro lo que pienso.